jueves, mayo 7, 2026

Según expertos, el Fenómeno del Niño se acerca para el segundo semestre con fuerza, lo que implica acciones anticipadas y estratégicas que mitiguen sus impactos. Hablamos de una temporada turística que se avecina, y ya conocemos coyunturas puntuales en destinos como Filandia y Salento, donde siendo este sector el motor principal de estos municipios, la pregunta es directa: ¿estamos listos para operar con menor disponibilidad de agua? Hoteles, restaurantes, cafés y comercio en general dependen de este recurso para funcionar con normalidad. No se trata de generar alarma, sino de asumir una preparación responsable.

Y es que las experiencias recientes en el país muestran que este fenómeno impacta de forma transversal: menos agua disponible, presión sobre el sistema eléctrico —altamente dependiente de hidroeléctricas— y afectaciones a sectores productivos. En una región como la nuestra, donde el turismo, por ejemplo, es un sector que activa al menos trece subsectores más, la planeación se vuelve una herramienta de competitividad.

Por eso, el llamado es concreto. Debemos activar desde ya planes de contingencia: revisar consumos, establecer metas de ahorro y definir protocolos claros para escenarios de escasez.

Una pregunta clave que surge: ¿contamos o requerimos tanques de almacenamiento?

¿Podemos reutilizar agua en ciertos procesos y estamos preparados para operar con eficiencia en condiciones más exigentes?

En ese sentido, hablar de circularidad empieza con prácticas cotidianas: aprovechar las lluvias actuales para almacenar agua, no hacer uso desmedido de este recurso en lavados de motos o vehículos y establecer buenas prácticas en los hogares, desde el riego de plantas hasta controlar el uso del agua en el baño, por mencionar algunos ejemplos. Lo anterior se suma a la necesidad de promover desde las administraciones municipales y empresas que atiendan público masivo, e incluso con su personal interno, campañas de uso responsable, incorporación de tecnologías de ahorro y exploración de fuentes alternativas de energía que reduzcan la dependencia.

Además, es importante entender que no se trata únicamente de reaccionar ante una eventualidad climática, sino de asumir medidas permanentes y de largo plazo que garanticen el abastecimiento del agua, la protección de las fuentes hídricas, la reutilización del recurso cuando sea posible y el almacenamiento preventivo. Esa misma visión debe trasladarse a la generación de alternativas energéticas sostenibles, que permitan reducir vulnerabilidades y fortalecer la capacidad de adaptación del territorio. Hoy más que nunca, debemos ajustarnos a las condiciones que el medio ambiente nos impone y avanzar en acciones de conservación, recuperación, rehabilitación y restauración que ya están al alcance de todos.

Para finalizar, hay que reconocer que ha faltado esa anticipación y preparación; porque la continuidad del servicio, la experiencia del turista y la estabilidad de los negocios dependen de lo que hagamos hoy y de cómo generemos una cultura de cuidado del agua, que le sume a esas estrategias de fondo en términos de infraestructura, que claro, también son indispensables.

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