martes, julio 14, 2026

La Economía Popular como un programa bandera de la Cámara de comercio de Armenia y del Quindío, nos sigue sorprendiendo, sobre todo, por el impacto que logra dejar en el mejoramiento de la calidad de vida de la población que integra asociaciones de artesanos, de recicladores, cuidadores de vehículos, vendedores de tintos, actores del sector belleza (peluquerías, barberías) quienes no sólo contribuyen a la economía local sino que con el autoempleo generan sustento a sus hogares. Y hablando de los rostros de la Economía Popular, continúo con historias que como dirían algunos: mueven fibras.

Las tres de la mañana es usualmente una hora en la que la mayoría estamos aún durmiendo. Mientras las calles permanecen en silencio y las luces de las casas siguen apagadas, hay hombres y mujeres que ya comenzaron su jornada. Son quienes encienden el fogón, preparan el café, organizan sus termos y emprenden el camino para recibir a cientos de ciudadanos con un buen tinto, una conversación amable y una sonrisa. Esa también es la economía que mueve al Quindío: la que madruga, la que no aparece en los grandes titulares, pero que como lo decía al inicio, termina sosteniendo hogares, construye comunidad y dinamiza la economía de los municipios.

Y aunque algunos piensan que la venta de tinto es únicamente una actividad de subsistencia, detrás de cada termo de café existe una historia de perseverancia, administración, servicio al cliente y visión de futuro. Son personas que, aunque no siempre se reconocen a sí mismas como empresarios, ejercen el emprendimiento con disciplina ejemplar. Administran recursos, asumen riesgos, fidelizan clientes y trabajan con un propósito claro: sacar adelante a sus familias.

La historia de María Luisa Álvarez y Efraín Guagamo, es un reflejo de esa realidad. Mientras muchos descansan, ellos comienzan su día con la convicción de que cada taza de café representa una oportunidad para construir un mejor futuro. Con esfuerzo han logrado sostener su hogar y, quizás el mayor logro, inspirar a sus hijos, quienes crecieron acompañándolos en ferias, parques y jornadas de trabajo. Lo más valioso es que esos hijos no solo heredaron el amor por el trabajo honesto, sino que comprendieron que sus padres siempre fueron empresarios, aunque nunca hubieran ocupado una oficina o llevado ese título en una tarjeta de presentación. Basta con ver cómo se les quiebra la voz cuando hablan de que gracias a esta labor hoy ellos salieron adelante en sus estudios.

Ese reconocimiento es precisamente uno de los mayores aportes que hemos encontrado desde la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío en el desarrollo del programa Economía Popular. Más allá del fortalecimiento empresarial, de la capacitación o del acceso a nuevas oportunidades, este programa dignifica. Permite que quienes durante años han construido empresa desde la informalidad descubran que su trabajo tiene valor económico, social y humano. Porque emprender no depende únicamente del tamaño del negocio, sino de la capacidad de transformar una idea en bienestar para una familia y para una comunidad.

El programa Tinteros: Orgullo de Ser Tinteros que hemos adelantado con Comfenalco, nos ha permitido acercarnos a historias que conmueven y que, al mismo tiempo, nos recuerdan que el desarrollo económico de un departamento no solo se construye desde las grandes inversiones. También nace en la esquina donde un trabajador encuentra el primer café de la mañana; en el parque donde una familia atiende con dedicación a sus clientes habituales; en esas relaciones de confianza que convierten un producto sencillo en un servicio indispensable para la vida cotidiana.

 

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