jueves, septiembre 10, 2026

Hablar de recuperación exige entender que la reconstrucción tiene múltiples escenarios y que todos deben ser atendidos de manera simultánea. Desde la infraestructura educativa, la recuperación de viviendas, la reparación de vías y espacios públicos, hasta, y no menos importante, la recuperación de las empresas, de los empleos, de los ingresos de las familias y de la dinámica económica de nuestros municipios.

Frente a este panorama, seguimos avanzando en gestiones ante el Gobierno Nacional para que los empresarios afectados puedan contar con condiciones especiales durante este proceso. Hemos planteado, entre otras alternativas, la necesidad de generar incentivos relacionados con el pago de nóminas y arrendamientos para aquellos establecimientos que tuvieron que suspender temporalmente sus actividades mientras recuperan sus inmuebles, plantas o espacios de operación. También hemos adelantado gestiones ante el INVIMA para buscar alternativas que permitan ampliar o flexibilizar determinados procesos para empresas que, como consecuencia del sismo, sufrieron afectaciones en sus plantas y requieren tiempo y condiciones adecuadas para recuperar plenamente su capacidad productiva.

Lo anterior, sin desconocer que la afectación no ha sido igual en todos los municipios. Hay algunos que requieren una atención mucho más profunda y urgente, como el caso de Montenegro y Quimbaya, donde la celeridad en los procesos es clave. No obstante, también sabemos que el comercio está activo, que hay empresarios abriendo sus puertas y que existe una enorme voluntad de salir adelante. Por eso, mientras avanzan las obras y las decisiones necesarias para atender las afectaciones físicas, no podemos dejar atrás la actividad económica. Si queremos recuperar empleos, ingresos, confianza y oportunidades, necesitamos mantener vivo el tejido empresarial. La reactivación no puede esperar a que termine la reconstrucción; debe ser parte de ella.

En esa tarea, los eventos y las actividades que movilizan personas, consumidores y empresarios cumplen un papel fundamental y terminan convirtiéndose en herramientas de recuperación económica. Este fin de semana, por ejemplo, culmina la Feria Corazón Mío, una iniciativa privada apoyada por la institucionalidad que fue todo un éxito. Y esta misma semana, justamente iniciamos con el Festival de La Trucha, un evento de la Cámara de Comercio con el apoyo de la Alcaldía de Salento que impulsa la reactivación del turismo gastronómico. Además de otros eventos como Saberes y Sabores de la Alcaldía de Calarcá; o la Paellatón, una iniciativa de empresarios del sector gastronómico en Filandia que combina un sentido social con la reactivación. Esto, sin nombrar los festivales que desarrollamos en alianza con las juntas de comerciantes y aliados como gremios y alcaldías, o las ruedas de negocios como ExpoR, nuestra feria de gestión ambiental y Oferturismo.

Cada una de estas acciones y/o eventos, cuando se hacen con propósito, se convierte en una oportunidad para que un restaurante venda, un artesano comercialice, un productor encuentre un comprador, un hotel reciba visitantes o un emprendimiento vuelva a tener ingresos. Por eso, hay algo que debemos decir con claridad: los eventos no se pueden suspender. Por el contrario, deben mantenerse y, cuando sea posible, fortalecerse.

Por ello, seguiremos haciendo gestión frente al Gobierno Nacional y departamental, de las alcaldías, de las empresas privadas, de las organizaciones y de todos aquellos que puedan aportar a esta recuperación. Esperando que pronto se concreten anuncios y medidas especiales que acompañen el enorme esfuerzo que están haciendo nuestros empresarios.

Porque mientras esto sucede, el Quindío no puede detenerse. Hay mucho por reconstruir, sí, pero también hay mucho por activar. Y en esa reactivación está una de las claves para recuperar la confianza, proteger el empleo y volver a crecer.

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