lunes, mayo 4, 2026

Bolsas acumuladas, residuos fuera de horario, puntos críticos que se limpian en el día y amanecen nuevamente colapsados, esta no es una percepción aislada, es una realidad que parece integrarse de manera silenciosa en nuestro día a día: el problema de las basuras en la ciudad es, ante todo, un problema de cultura ciudadana. Y por eso, más que señalar culpables, el llamado es a asumir una responsabilidad compartida.

Me uno a ese mensaje porque este no puede ser un discurso de una sola voz. La ciudad necesita un colectivo que hable más de este tema: ciudadanos, empresarios, instituciones y autoridades. No podemos seguir delegando el problema únicamente en la empresa de aseo o en campañas pedagógicas. Si bien se han hecho esfuerzos importantes —recuperación de puntos críticos, sensibilización a comerciantes, vigilancia—, estos no serán sostenibles si no logramos transformar comportamientos cotidianos, empezando en el hogar, las empresas, los colegios y haciendo veeduría ciudadana que proteja el entorno y la imagen de ciudad que se ve en riesgo.

También es cierto que no basta con pedir cultura sin crear condiciones para que esta ocurra. Las alcaldías deben activar con mayor decisión políticas públicas que faciliten el cumplimiento de la norma: rutas eficientes, horarios claros, infraestructura adecuada y seguimiento constante. Porque está claro que ese sistema falla, la cultura también se debilita.

Ahora bien, aunque no comparto que la sanción sea el único camino para formar ciudadanía, la realidad nos está mostrando que la pedagogía, por sí sola, no está siendo suficiente. Hoy existen medidas como multas económicas y comparendos por mala disposición de residuos y aunque incomoden, empiezan a ser necesarias para frenar prácticas que afectan a toda la comunidad.

Y es que este no es un tema menor. La basura no solo deteriora la imagen de la ciudad; también impacta la salud pública, la seguridad, la competitividad y la confianza de clientes y turistas. Una ciudad sucia envía un mensaje claro: aquí no hay pertenencia. Un tema que termina afectando incluso, la manera en que nos relacionamos como quindianos.

Sacar la basura a la hora correcta, respetar el espacio público, separar los residuos, denunciar malas prácticas… parecen acciones menores, pero ahí se empieza a construir ciudad. Armenia, estará limpia no necesariamente porque haya más infraestructura o capacidad instalada,  sino en la medida en que incrementa la cultura ciudadana a conciencia.

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