
Por estos días, el país ha comprobado cómo un fenómeno como el fútbol puede movilizar conversaciones, emociones y dinámicas comerciales. Y en esta línea, comparativamente hablando, existe otro elemento que históricamente ha logrado conectar generaciones, construir identidad y dinamizar la economía de nuestros territorios: el café.
Mañana, cuando conmemoremos el Día Nacional del Café, no solo celebraremos un producto agrícola. Reconoceremos un activo económico, cultural y social que durante décadas ha forjado tradiciones, sostenido miles de familias y proyectado al Quindío ante el mundo.
El café ha acompañado nuestra historia, pero también está transformando nuestro futuro. La renovación generacional que hoy vive la caficultura, el surgimiento de nuevos emprendimientos y las tendencias de consumo dan cuenta que el café dejó de ser únicamente una materia prima para convertirse en una marca territorial capaz de atraer turismo, promover inversión, impulsar exportaciones y fortalecer diversos modelos de negocio.
Recientemente hablábamos del impacto de las exportaciones de café verde hacia el mercado estadounidense y de la necesidad de avanzar hacia una mayor diversificación. Hoy vemos empresarios que apuestan por los cafés especiales, capaces de alcanzar rentabilidades significativamente superiores a las del café convencional; otros transforman y combinan el café y el cacao en productos de confitería, cosmética y bienestar, mientras nuevos emprendimientos aprovechan la economía circular para desarrollar artesanías a partir de la borra de café, solo por dar algunos ejemplos.
Las tiendas de café especial son quizá uno de los mejores indicadores de esta evolución. Hace apenas seis años el Quindío contaba con cerca de 70 establecimientos; hoy superamos las 300 tiendas, reflejando una cadena de valor dinámica que genera empleo, promueve la innovación y fortalece la experiencia turística del departamento. Ya veíamos la exposición de tiendas de café con La Ruta del Capuchino donde se movilizaron más de 8.800 combos de esta bebida a base de café.
A ello, se suman eventos que se han convertido en verdaderos escenarios de negocios y promoción del territorio: Circasia Huele a Café, Calarcá Sabe a Café (liderados entre la Cámara de Comercio, las Juntas de Comerciantes y entidades de apoyo); Expo Eje Café (La Morelia) y nuevas apuestas como Origen Fest, lideradas por jóvenes empresarios quindianos (El Ocaso y La Cabra Loca), otros escenarios del Comité de Cafeteros y muchos otros que me quedaría corta.
Y los nombro como ejemplo porque en estos espacios convergen competencias, concursos, intercambio de conocimiento, compraventa de equipos, promoción de cafés especiales y el talento de nuevas generaciones que hoy representan al departamento en escenarios nacionales e internacionales. No en vano, la Ley 358 de 2024, declaró el café como bebida nacional, reconociendo su enorme aporte al desarrollo económico y social de la nación.
En conclusión, el Día Nacional del Café debe entenderse como mucho más que una fecha conmemorativa. Celebramos una cadena de valor que continúa creciendo y que merece ser aprovechada con mayor visión estratégica. El café es una de nuestras principales cartas de presentación ante el mundo y uno de los activos más valiosos del Paisaje Cultural Cafetero, reconocido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.
Termino diciendo que hay un reto claro: seguir creyendo en el café, agregarle valor, contar sus historias, diversificarlo y apropiarnos de este como un motor de competitividad, orgullo e identidad para el Quindío y para Colombia.


