miércoles, mayo 27, 2026

Si hay un sector que hoy refleja con claridad la capacidad de transformación, innovación y evolución económica del Quindío, es sin duda el de los cafés especiales. No solo desde la producción agrícola, sino desde toda la cadena de valor que se ha construido alrededor del café.

Basta recorrer los municipios del departamento para evidenciar cómo el crecimiento de las tiendas de café ha sido exponencial. Hace apenas unos años se hablaba de cerca de 50 establecimientos especializados; hoy el Quindío supera ampliamente las 350 tiendas de café, cada una con propuestas diferenciadoras que integran tradición, turismo, gastronomía, diseño, experiencia de marca y apropiación cultural.

Y es precisamente en este momento, cuando se aproximan eventos como el Reinado Nacional del Café, la Ruta del Cappuccino que se desarrollará del 28 de mayo al 7 de junio, Circasia Huele a Café una articulación entre la Cámara de Comercio de Armenia, el Comité de Cafeteros, la Alcaldía municipal y empresarios aliados, y que se llevará a cabo el 6 y 7 de junio—, así como Calarcá Huele a Café y otras experiencias temáticas, que evidencian cómo el café dejó de ser únicamente un producto del agro para convertirse en una verdadera plataforma de competitividad regional.

Sabemos que las cotizaciones internacionales tienen bastante volatilidad en el mercado. Pero más allá del valor de la libra en los mercados globales, el verdadero desafío está en cómo logramos que la transformación se mantenga y se traduzca en bienestar sostenible para quienes hacen parte de la cadena productiva y para las nuevas generaciones que encuentran en el café una oportunidad de emprendimiento y proyecto de vida.

Y soy enfática en que el gran valor agregado de este producto insignia está justamente en la transformación. En ese café diferencial y de especialidad que no solo se exporta, sino que alcanza valores diferenciales. Un café que se convierte en experiencia turística e incluso en storytelling cultural, en procesos de formación, en gastronomía, en innovación y hasta en modelos de economía circular.

Vemos empresarios trabajando en productos derivados, reutilización de la borra de café, propuestas de dulcería especializada, laboratorios sensoriales y centros de formación que profesionalizan cada vez más este ecosistema.

Finalmente, el crecimiento del sector también demuestra algo profundamente valioso: el relevo generacional sí está ocurriendo. Jóvenes emprendedores están reinventando modelos tradicionales, conectando el café con nuevas dinámicas de consumo, con la sostenibilidad, con el diseño y con experiencias que movilizan comunidad y fortalecen el tejido empresarial local.

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