martes, febrero 10, 2026

El Quindío ha demostrado que, aun siendo uno de los departamentos más pequeños del país, tiene gran potencial. Sin embargo, los retos estructurales que hoy enfrentamos en competitividad, infraestructura y desarrollo productivo exigen representación efectiva en los escenarios donde se toman las decisiones de alto impacto nacional.

De cara a las próximas elecciones debo decir que contar con un senador que conozca el territorio y que sienta como propias sus necesidades no es un asunto político menor, es una condición estratégica para el futuro regional.

Un senador que le duela el Quindío es alguien que no solo hable del departamento, sino que comprenda sus dinámicas y potencialidades; que tenga la proyección de lo que hoy representa la región en turismo, agroindustria, comercio, servicios y conectividad, por mencionar algunos, y que traduzca esa visión en respaldo legislativo, articulación institucional y gestión política ante el Gobierno Nacional, para que los proyectos estratégicos avancen y se materialicen.

Hay que decir que otras regiones del país han logrado consolidar iniciativas clave gracias a liderazgos que, desde el Congreso, han sabido priorizar para su territorio en la agenda nacional. El Quindío no puede quedarse atrás en esa dinámica.

Hoy hablamos de necesidades concretas: el fortalecimiento y proyección del aeropuerto como plataforma de conectividad aérea, la modernización y ampliación de vías estratégicas, la consolidación de corredores logísticos, sistemas de carga y transporte que integren al departamento con los grandes centros productivos, y una conectividad terrestre que responda al crecimiento del turismo y la actividad empresarial. Lo anterior, enunciando solo algunas de muchas prioridades que potenciarían nuestra visibilidad nacional y global.

Y es que el desarrollo que buscamos no es solo físico. También requiere impulso decidido a proyectos turísticos sostenibles, a la protección ambiental como eje de desarrollo, y al respaldo de las apuestas que desde el territorio se han priorizado en instrumentos de planeación y propuestas técnicas construidas con los actores regionales. Un senador comprometido puede incidir en políticas públicas, sí, pero también, y sobre todo, en que los proyectos estratégicos no se queden en el papel, sino que cuenten con gestión, recursos y seguimiento.

Desde la visión empresarial y regional, el llamado es claro: el Quindío necesita representación con conocimiento técnico, capacidad de gestión y profundo sentido de pertenencia. En conclusión, será clave lograr en el Senado una voz que conecte las prioridades locales del Quindío con las decisiones nacionales.

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