martes, marzo 24, 2026

Algunos lo han llamado sueño, personalmente, prefiero abordarlo como el inicio, o la continuidad, de una hoja de ruta con acciones concretas que marquen el rumbo y ‘horizonte’ del Quindío. Hablar de prospectiva no es idealizar el futuro, es asumir con responsabilidad las decisiones del presente. Es reconocer que si bien en el pasado hemos podido fallar, hoy tenemos la oportunidad de avanzar sin detenernos en lo que ya pasó y con una visión renovada y, como siempre lo he dicho, entendiendo que podemos elegir ver el vaso medio lleno.

En primera instancia, quiero exaltar que este nuevo punto de partida ha estado marcado por el liderazgo de la Universidad del Quindío, que junto con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha logrado convocar a once entidades en torno a un propósito común, un logro que merece todo el reconocimiento ciudadano.

En consecuencia, más que un ejercicio académico, estamos ante una apuesta técnica y estratégica de alto nivel. La CEPAL, a través de su enfoque de prospectiva territorial, ha demostrado en distintos países que el desarrollo no puede seguir dependiendo de la improvisación ni del corto plazo, sino de la capacidad de anticipar escenarios, construir visiones compartidas y orientar la toma de decisiones de manera estratégica.

Hoy entendimos que la prospectiva no busca predecir el futuro, sino explorarlo de manera estructurada para transformarlo desde el presente, conectando la planificación con la acción y la gobernanza con resultados concretos.

Y es precisamente ahí donde este ejercicio cobra sentido para el Quindío: anticiparnos a los cambios en temas como turismo, tecnología, infraestructura y empleo. Definir qué queremos ser como región, orientar mejor la inversión pública y privada, prepararnos para riesgos, y sobre todo, articular a los actores en torno a un propósito común, porque las alianzas sí funcionan y lo hemos demostrado en otros escenarios como la Alianza por el Quindío.

En este sentido, la prospectiva nos permite entonces dejar de reaccionar y empezar a construir con inteligencia colectiva esos escenarios que queremos. No obstante, esto también implica un cambio de mentalidad. Significa entender que el desarrollo se diseña; que las ventajas del Quindío, su ubicación, su vocación turística, la calidez de su gente, solo se convierten en oportunidades si se traducen en proyectos propositivos.

Bien se dijo en el lanzamiento: las decisiones que tomemos hoy serán las que impacten a generaciones que aún no han nacido, a los empresarios y emprendedores del mañana, y a la manera en que habitaremos el departamento en las próximas décadas.

Y eso, en buena medida, también depende del lenguaje con el que asumamos este reto: uno que, sin desconocer los desafíos, sea capaz de avanzar desde la confianza y la acción, más que desde la crítica y con la convicción de que el futuro del Quindío, más que esperarlo, hay que construirlo en un ejercicio de corresponsabilidad.

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