
Un Plan de Desarrollo debe convertirse en una hoja de ruta capaz de transformar las necesidades del territorio en resultados concretos. Ayer, justamente, participamos en el Primer Encuentro Regional del Eje Cafetero, convocado en el marco de los Encuentros Regionales del Plan Nacional de Desarrollo 2026–2030, un espacio importante para llevar la voz del Quindío y plantear propuestas con enfoque regional. Desde la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío consideramos fundamental que la planeación parta de una pregunta esencial: ¿qué podemos hacer realidad y en qué tiempos? Esto no significa renunciar a las grandes visiones de futuro; por el contrario, significa construirlas sobre bases sólidas, con proyectos viables, prioridades claras, indicadores de resultado y una verdadera lectura de las capacidades y oportunidades de nuestro territorio.
La planeación con resultados exige, además, hablar con claridad de viabilidad financiera. Los proyectos no pueden depender de una única fuente de recursos ni quedar sujetos exclusivamente a las posibilidades presupuestales de los gobiernos entrantes o salientes. El Plan Plurianual de Inversiones, como instrumento financiero del Plan de Desarrollo, debe articular diferentes mecanismos: los recursos del Gobierno Nacional, el Sistema General de Participaciones, el Sistema General de Regalías, aportes territoriales, Fondos especiales como el Fondo Milagro, obras por impuestos, cooperación internacional e inversión privada. Allí está uno de los grandes desafíos: pasar de la formulación de proyectos a la estructuración de proyectos financiables, con estudios, diseños, cronogramas, responsables y fuentes de recursos claramente identificadas. Un proyecto viable es aquel que además de ser necesario puede demostrar cómo se ejecutará, cómo se financiará y qué transformación producirá.
Desde esa perspectiva, nuestra participación como Cámara de Comercio se concentra en dos grandes frentes. El primero es acompañar la gestión de proyectos de infraestructura para la competitividad regional, entre ellos las soluciones para la conectividad aérea, las dobles calzadas, el teleférico de Salento, la Avenida del Río y la recuperación o puesta en marcha de proyectos estratégicos como la Estación del Ferrocarril de Armenia. El segundo es fortalecer el desarrollo empresarial, impulsando iniciativas que ya tenemos avanzadas, como el Centro de Inteligencia Artificial Empresarial, Quindío Regenerativo y otros alineados a la gestión internacional y ambiental, el desarrollo agroindustrial, el fortalecimiento de los micronegocios y de los diferentes sectores productivos, así como la promoción nacional e internacional del Quindío como destino turístico y territorio para la inversión. Son dos caminos complementarios: infraestructura para conectar y competir, y capacidades empresariales para aprovechar las oportunidades que esa infraestructura genere.
El reto, entonces, es que el Plan de Desarrollo tenga proyectos de futuro, pero también resultados de presente. Necesitamos pensar en el Quindío que queremos dentro de diez o veinte años, pero sin perder de vista aquello que debe comenzar a resolverse hoy para mejorar nuestra competitividad, máxime en un momento donde no debemos bajar la guardia frente a la recuperación y la reactivación; gestionar cómo lograr generar empleo, fortalecer las empresas y elevar la calidad de vida. La participación de los sectores público y privado, de los empresarios, la academia, las organizaciones sociales y las regiones son fundamentales para que la planeación no se haga desde el escritorio, sino desde las realidades del territorio. Desde la Cámara de Comercio seguiremos aportando propuestas, conocimiento y capacidad de gestión para que la visión de desarrollo del Quindío tenga algo más que buenos propósitos: tenga proyectos estructurados, recursos identificados, alianzas y resultados que puedan ser medidos por los ciudadanos.



