
Hay momentos en la vida de una sociedad que nos llevan a reconocer que, frente a la adversidad, nadie puede salir adelante completamente solo. Esta ha sido una de esas temporadas para el Quindío.
Después del sismo que golpeó nuestro territorio, hemos visto calles distintas, negocios que levantaron nuevamente sus puertas, establecimientos que todavía esperan poder hacerlo, empresarios intentando recuperar lo perdido, trabajadores buscando regresar a sus jornadas y familias tratando de recuperar la tranquilidad. Pero, sobre todo, hemos visto algo que merece ser contado: un departamento que decidió mantenerse activo y ayudarse.
No ha sido una semana cualquiera para el comercio. Ha sido una semana en la que abrir una puerta ha tenido un significado mucho más profundo. Ha sido una semana en la que comprar en una tienda, sentarse en un restaurante, visitar un negocio, contratar un servicio o recomendar un emprendimiento ha sido también una manera de decir: estamos contigo.
Y es que hablar de reactivación económica no es hablar solamente de ventas. Es hablar de bienestar, de empleo y de la posibilidad de recuperar paulatinamente la normalidad. En un departamento como el Quindío, donde el comercio y los servicios hacen parte esencial de nuestra dinámica económica, mantenernos activos, es una responsabilidad colectiva.
Necesitamos que quienes pueden abrir, abran. Necesitamos que quienes pueden comprar, compren aquí mismo. Necesitamos que quienes pueden recomendar, recomienden, que quienes puedan viajar regresen con tranquilidad a nuestros pueblos con encanto. Y necesitamos, especialmente, que quienes tienen la posibilidad de ayudar a otro empresario, lo hagan.
Y en medio de esa realidad nació y tomó fuerza una iniciativa que representa muy bien el espíritu que necesitamos para esta etapa: Cadena de Favores Empresariales, una iniciativa de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, que busca mantener la solidaridad activa con esa visión de lograr que todos puedan reabrir. Porque, aunque muchos estamos en la tarea, solos no podemos.
La idea es sencilla, pero profundamente poderosa: conectar a quienes pueden ayudar con quienes necesitan ayuda. Una empresa puede tener materiales que otro negocio necesita. Un empresario puede prestar una herramienta. Un proveedor puede ofrecer una condición especial. Una institución puede poner a disposición su capacidad técnica. Un profesional puede donar su conocimiento. Un ciudadano puede recomendar un negocio. Un comercio puede comprarle a otro. Un emprendedor puede abrirle una puerta a otro emprendedor.
Termino diciendo que la verdadera fuerza de una cadena no está en uno de sus eslabones. Está en la capacidad que tiene cada persona para sostener al siguiente. Y hay que reconocer que eso es lo que hemos visto en nuestro departamento: empresarios ayudando a empresarios, gremios sumándose, instituciones poniendo nuestros equipos y capacidades al servicio de la recuperación, influenciadores convirtiéndose en amplificadores de mensajes de esperanza y solidaridad, movimientos nacionales e internacionales acudiendo al llamado, ciudadanos preguntando qué pueden hacer, Gobierno local, departamental y nacional; fundaciones, iglesias, por mencionar algunos.
Esta es la verdadera fuerza que nos lleva a decir: Reabrir, también es resistir.



