
Desde la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío valoramos que hayan sido escuchadas las recomendaciones que, junto con los gremios, hemos planteado a la Alcaldía de Armenia y a la Secretaría de Tránsito frente al pico y placa en el norte de la ciudad. Hemos insistido en que una medida de esta naturaleza debe responder a criterios técnicos y concentrarse en las horas donde realmente se presentan los mayores niveles de congestión, más aún cuando hay una gran afectación al sector comercial de la zona. Y debo decir: ha funcionado, claro, desde una mirada matemática, donde incrementar dígitos por día evidentemente facilita la circulación.
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Y cabe resaltar que no estamos en contra de las obras, son fundamentales para el desarrollo regional; sin embargo, debe hacerse cumplimiento estricto de cronogramas y planes de contingencia, el real cumplimiento a temas puntuales como el Plan de Salvaguarda aprobado por la Administración municipal, en apoyo a los empresarios de la zona de impacto de la obra del Intercambiador Vial de Bomberos, para que protejan la actividad comercial del sector.
Se trata de acompañar las obras y las medidas de tránsito con alternativas, señalización, control y estrategias que permitan que el comercio siga funcionando. Hoy los empresarios de las obras de la carrera 19 requieren, por ejemplo, que dicho pico y placa no termine acrecentando su situación y generar otras alternativas, como la pronta apertura de la Avenida de los Camellos (sentido sur–norte), desde Bienestar Familiar hacia la carrera 19 y la calle 2 Norte.
En esta línea, esta discusión no puede reducirse a cuántos dígitos circulan o dejan de circular. El pico y placa es, ante todo, una conversación sobre cómo queremos movilizarnos y convivir en una ciudad que está creciendo y que enfrenta, además, importantes desafíos de infraestructura. Por eso hemos planteado alternativas concretas: recuperar vías que hoy pueden contribuir a descongestionar corredores principales, revisar sentidos viales, garantizar el acceso a las zonas comerciales y, especialmente, fortalecer el control sobre el estacionamiento indebido en lugares como centros comerciales (Unicentro, Plaza Flora, Portal del Quindío, por ejemplo). Un vehículo mal parqueado ocupa capacidad vial, genera represamientos y termina trasladando el problema a todos los demás ciudadanos. Ni qué decir de la falta de agilidad cuando ocurren accidentes.
Ahí aparece una palabra que para nosotros es fundamental: cultura. Necesitamos cultura para parquear donde corresponde, para recoger y dejar pasajeros sin bloquear una vía, para respetar las señales y los tiempos de los demás, para planear desplazamientos y para entender que cada decisión individual tiene un efecto colectivo. Las restricciones pueden cambiar y las vías pueden modificarse, pero una ciudadanía que respeta las normas y utiliza responsablemente el espacio público tiene la capacidad de transformar la movilidad todos los días. La solución no puede estar únicamente en restringir; también debe estar en educar, controlar y generar alternativas.
Y sí, Armenia necesita una conversación profunda sobre movilidad. Necesitamos infraestructura, sí; necesitamos regulación, también; y, sobre todo, necesitamos estrategia a largo plazo, ciudadanos conscientes y un equilibrio estructurado para proteger el comercio local antes, durante y después de la ejecución de las obras.



