
El terremoto nos dejó una lección que va mucho más allá de los daños materiales o los negocios que tuvieron que cerrar sus puertas temporalmente: nos obligó a mirar con mayor atención a quienes sostienen buena parte de la vida cotidiana de nuestros municipios
Desde la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, esa lectura nos llevó a replantear esfuerzos y a ampliar las alianzas del Fondo para la Reactivación Empresarial, entendiendo que la recuperación no puede hablar únicamente de empresas formalizadas, sino también de tinteros, cuidadores de vehículos, recicladores, tenderos, microempresarios y emprendedores que, con su trabajo diario, hacen posible que el Quindío y sus destinos sigan funcionando.
En este camino encontramos historias que me parece importante resaltar. Está la señora que necesita insumos para volver a preparar empanadas y acompañarlas con sus tintos; están los vendedores de café de Calarcá que sólo pidieron café para volver a salir a las calles a ganarse el día a día y piden que el turismo también se reactive. Están quienes, después de haber pasado noches protegidos con plásticos, hoy cuentan con unas colchonetas que les permite dormir un poco más dignamente. Son ayudas que podrían parecer pequeñas frente a la dimensión de una emergencia, pero que para quien las recibe representa saber que no están solos y que la institucionalidad también los ve. Y que más allá de querer decir que están recibiendo un apoyo, es ponerlos como ejemplo de resiliencia.
Los actores de la economía popular no nos han pedido únicamente sobrevivir. Nos han dicho que quieren seguir trabajando. Quieren continuar recibiendo turistas en Salento y Circasia, ofrecer un mejor tinto en las esquinas de nuestras plazas, reciclar los materiales de las empresas de los municipios y ampliar sus rutas de recolección de residuos, seguir siendo ese tendero que pese a la pérdida de materiales quiere seguir utilizando la tecnología para ampliar sus ventas. Quieren avanzar hacia la formalidad cuando esta les abra puertas, acceder a nuevos mercados y encontrar oportunidades para que sus hijos tengan un futuro diferente.
Esa voluntad nos demuestra que la reactivación no puede medirse solamente por cuántos negocios vuelven a abrir, sino también por cuántas personas recuperan la posibilidad de seguir construyendo un proyecto de vida de acuerdo a su realidad puntual.
Por eso este Fondo nos ha abierto también un nuevo panorama. Nos ha permitido comprender que cada realidad tiene el tamaño de su negocio y que no existe una única fórmula para recuperarnos. Para una persona puede significar conseguir insumos para volver a vender tintos; para un gran empresario, encontrar las condiciones necesarias para volver a abrir mientras culminan las adecuaciones de infraestructura, para una pequeña tienda de café, volver a contar con cristalería o para una peluquería, tener de nuevo sus vitrinas y esmaltes perjudicados en el sismo.
Todas son realidades distintas, pero todas hacen parte de un mismo propósito: que el Quindío siga mirando hacia la reactivación que puede decirse, ya está por más de un 90% entendiendo que municipios como Montenegro y Quimbaya requieren un esfuerzo mayor por el que estamos trabajando.
Debo decir que nada de esto sería posible sin las relaciones que hemos construido durante los últimos dos años dónde decididamente dijimos vamos a trabajar también por la Economía Popular, un esfuerzo al que se han sumado aliados como Comfenalco Quindío, alcaldías de Salento y Circasia, Gobernación en un proyecto puntual con emprendedores, y específicamente para el Fondo la Alcaldía de Armenia. Además, pronto anunciaremos una alianza con una gran compañía que quiere aportar a la región. Lo anterior, sumado a empresarios que como nosotros, han entendiendo que la solidaridad con los actores de la economía popular también es una herramienta de desarrollo y reactivación.



