
Cuando iniciamos consolidando hace ya nueve años del Festival del Maíz, donde trabajamos articuladamente: Cámara de Comercio y Junta de Comerciantes de Barcelona; entendimos que con más de 40 años de tradición en transformación del maíz, este corregimiento, tenía un gran potencial como una cadena de producción que hoy abastece restaurantes, cafeterías, fincas turísticas, lechonerías y hogares, y que vincula a cerca de 200 actores de la economía popular.
Es así como el Festival del Maíz demuestra cómo esa vocación puede trascender lo tradicional a un verdadero impacto que no está solamente en la plaza llena, sino en lo que sucede alrededor de ella.
El Festival se convierte en una plataforma para que propios y visitantes reconozcan esta tradición como un verdadero desarrollo económico local que fortalece las capacidades de quienes viven de la transformación del maíz. Recordemos que el Festival pasó de 20 expositores en 2017 a 91 en 2025 y cerca de 10.000 visitantes, y este año reunimos a 120 expositores, más de 20 productos derivados del maíz y una agenda cultural con más de 300 participantes. Y si hablamos del impacto en el entorno, el 77 % de los empresarios de otros sectores (tiendas, cafeterías, fondas, otros) manifestó haber aumentado sus ventas durante el Festival; el 74 % contrató al menos dos empleados adicionales y el 81 % reportó nuevos clientes gracias a la dinámica que se genera en la plaza.
A esto se suma que solo es 2025 en el Festival, se procesaron 12 toneladas de maíz, con productos que van desde arepas y subidos hasta helados y preparaciones innovadoras. Y aquí está un punto clave, esto nos obliga a entender que no se trata únicamente de atraer visitantes, sino de lograr que su llegada active cadenas productivas locales y genere ingresos, empleo y nuevas oportunidades con visión futura.
Aquí aparece otro reto para llevar innovación, productividad, tecnología, transformación, diseño y acceso a mercados a quienes han construido sus negocios desde el conocimiento tradicional. El objetivo es que una arepa, un subido o un tamal, puedan convertirse en productos con mayor valor agregado, mejores estándares, nuevos canales de comercialización y capacidad de generar ingresos sostenibles. Hoy damos fe de que sí se puede, casos puntuales como el de fábricas de arepas que mejoraron su capacidad y procesos de inocuidad, ya pueden pensar, si así lo quisiera en exportación y llevar su producto transformado fuera del país o a supermercados nacionales.
Por eso, el Festival del Maíz representa mucho más que una celebración gastronómica, podría decirse que es un laboratorio de desarrollo. Lo anterior, es lo que desde la Cámara de Comercio con diferentes aliados, hemos buscado en cada municipio para encontrar en sus productos, saberes y tradiciones, una vocación capaz de convertirse en experiencia turística, mercado y oportunidad empresarial.
El Quindío se reactiva, y los festivales demuestran que el desarrollo del departamento trasciende tradiciones, turismo y activa una derrama económica local de alto valor, ya lo veíamos en el Festival de La trucha en Salento con más de 5.100 platos vendidos en 10 días, en su mayoría por mujeres cocineras de tradición. Está vez el turno es para Barcelona, este fin de semana los esperamos en El Festival del Maíz.



